Alfa y luna vinculó eterno

    Llegamos a la casa de Mia, ella se baja sin esperar a qué le abra la puerta, viene furiosa cómo puede saca sus llaves para abrir torpemente la puerta, al parecer no hay nadie en casa, ella se descalza y deja las zapatillas cual cenicienta  tiradas en las escaleras

Mia! La llame!, qué quieres cavernicola? Me respondió ella, qué dijiste? Le pregunté con los puños apretados, Dije cavernicola, hombre de las cavernas, deletreando despacio!

Yo no soy un cavernicol

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