—Pero volveremos a casa para la cena —me dijo Carolina sonriendo—. Así que te encargamos la comida, Luciana.
Me provocaba arrogantemente, pensando que podría afectarme...
Los ignoré y me dirigí a grandes pasos hacia la sala.
—Probablemente sigue molesta —se apresuró a explicar Joaquín—, pero no te preocupes, cuando volvamos ya habrá entrado en razón.
—¡Sí! —agregó Gabriel—. Aunque sea desagradable, ¡cocina muy bien! ¡Seguro que esta noche nos preparará una gran cena!
—¿En serio? ¡Qué emoción! —e