Idan deslizó su dedo por el contorno del labio inferior del abogado, fue delicado y sutil.
—Voy a besarte —confesó mientras se acercaba pero sin querer hacerlo sin el consentimiento de Cielle.
—Hay veces en que solo debes hacerlo, sin esperar una aprobación —sentenció el abogado para ser él quien se lanzara con ímpetu sobre los labios del criminal.
El ascensor se había abierto y nuevamente vuelto a cerrar, ambos habían perdido la noción de ello, pues estaban desechos en un beso impetuoso