—¿A dónde vas? —Unas manos rodeaban mi cintura y acariciaban con cariño mi diminuto bulto. Cierro los ojos y sonrío al sentir el calor de su pecho; eso me hacía olvidar el calvario que había vivido estos últimos tres días.
Mi nivel de estrés estaba en su punto más alto y todo era mi culpa. Yo misma me había buscado esta situación, pero realmente no podía dejar solo a mi mejor amigo, no cuando él jamás me había abandonado cuando más sola estuve en la vida.
¿A qué me refiero? Bueno, desde que me