Muda del asombro, Mariana toco con desesperación su cintura, percatándose de la nula presencia de algún armamento útil para el momento.
>>Desde que Marquillo está aquí, no lo vi necesario<< tenso la mandíbula, perforando al invitado con la mirada.
–¡MALNACIDO! ¡MIERDA DE HOMBRE! ¡MIERDA ANDANTE! COMO TE ATREVES A MOSTRARTE FRENTE A MI.
–¿Deberé de colocar esos insultos como nulo proceso de avance? –mantuvo la sonrisa en el rostro.
–¡Tu! ¡Cabrón hijo de perra!
–¡Señorita! –Marco le llamo la