Presionándose los labios, Mariana no discutió aceptando las palabras de los mayores, equipándolos con lo necesario.
–Espérenos aquí. Apenas logremos deshacernos de los intrusos, volveremos –dejándole un beso en la frente, Imelda junto a los dos hombres se retiraron del lugar, encargándole al señor Jecf de cuidarla.
Corriendo deprisa para reunirse con los demás, un grupo de hombres los intersecto obligándolos a luchar. Sin importar a cuantos derrotaran, el número no parecía disminuir.
–Son demas