Sin necesidad de entrar en objeción, Mariana asentó con la cabeza cubriéndose con el saco de Esteban, quien le sonrió alegando que la protegerían aun si le costaba la vida, la joven solo le dio un codazo provocándole una leve risa que sabia podría perder en cualquier momento.
Tras una señal al otro helicóptero, todos asentaron con la cabeza preparados para comenzar con el traslado a la mansión. El fuerte sonido de la puerta deslizándose de inmediato alerto al enemigo, obteniendo ataque armado a