La verdad es que Marco solo veía a una niña manifestando sus sentimientos mediante el arte expresivo del cuerpo. No le parecía que lo hiciera mal, pero estaba seguro que le faltaba perfección en los pasos.
Cuando el tarareo termino, Mariana se sentó en el frio suelo, estirando las piernas para descansar por unos minutos antes de dirigirse a la cocina por un poco de agua.
–Eso no estuvo mal –volteo a mirarlo, sorprendiéndose por el inesperado encuentro.
–¿Qué haces aquí? –endureció la mirada,