Jhon esperaba pacientemente en la camioneta, miraba el reloj a cada momento, cada minuto era una hora, y el tiempo parecía una eternidad.
—Vamos responde mi amor, ya deberías estar aquí. —se decía Jhon mentalmente mientras jugaba con sus dedos sobre el volante y mirando por donde Rania debería llegar.
Una hora más y Rania no respondía mensajes ni contestaba las llamadas. Encendió la camioneta y salió a su encuentro, manejó lo más rápido que pudo cuando ablo lejos divisó el humo de una camioneta