Capítulo 60; Culpa, tristeza y dolor.
Un llamado a la puerta lo sacó de su concentración, despegó la vista de la pantalla de su laptop, y se frotó los ojos.
—Adelante...— entró su secretaria con un muy mal semblante, estaba pálida, sus ojos enormes y su rostro reflejaba susto y preocupación. —¿Ava, estás bien?— demandó saber, con el ceño fruncido la miró lleno de preocupación. —¿Qué sucede?— se puso de pie, asustado ante su semblante caminó hasta quedar frente a la mujer. —¿Ava?
—Señor...¿ No lo ha visto?— preguntó con voz temblor