Sentada en el asiento del avión, Gianna luchaba por respirar, estaba demasiado nerviosa, sentía deseos de vomitar o echarse a llorar, sintió cómo el avión comenzaba a avanzar y no pudo contener una fuerte respiración. Alexander se giró hacia ella y la miró con ojos llenos de comprensión.
—¿Tienes miedo a volar?— preguntó observando sus ojos muy abiertos.
—Nunca lo he hecho— respondió con voz ahogada— es mi primera vez, no es como que en el orfanato nos llevaran a muchos países. — terminó con