CAPÍTULO 109: NUNCA DEJO DE SER MÍO.
CAPÍTULO 109: NUNCA DEJO DE SER MÍO.
La mansión Bianchi estaba repleta de invitados. Los hombres vestían trajes impecables, y las mujeres lucían vestidos de gala, sus joyas destellando con cada movimiento. Cassio conversaba animadamente con un grupo de políticos, gesticulando con su típico aire de confianza, mientras Iván, que había asistido a regañadientes, estaba apartado, observando a todos con una mirada perspicaz que no perdonaba detalle. Enzo, por su parte, atendía a unos amigos cercanos