—Nuestros hombres detectaron que cruzó la frontera sur hace dos días y que ahora se esconde en la zona portuaria —respondió Juan con rapidez.
Liam se incorporó con firmeza y apoyó ambas manos sobre el grueso escritorio de madera.
—Encuentren a Fernando de La Cruz cueste lo que cueste. Desplieguen a todo nuestro equipo de rastreo. En cuanto lo localicen, tráiganmelo con vida y entréguenmelo personalmente.
Juan asintió con total disposición.
—Entendido. ¿Y qué haremos con Isabella?
—No dejen que