23. Nueva sospecha
En los labios de Gerald una tormenta apasionada surge para no detenerse. Sus labios moviéndose al compás de esa necesidad que tanto la habían atosigado por Esad la dejan nula, le nublan la mente. Pegada a Gerald, Scarlett está encarcelada en brazos y labios. Un feroz beso la acorrala en la pared antes que pueda decir y hacer algo en contra. Scarlett se deja llevar por la suavidad y la bestialidad con la que Gerald reclama por ella. Había creído su indiferencia en estos días y su comportamiento