Capítulo 29:El Dragón de Rubi

El aire estaba impregnado de un olor penetrante, mezcla de desinfectante y sangre estancada; una fragancia asfixiante que se clavaba como finas agujas en los pulmones de Karla, haciendo que cada respiración fuera un suplicio.

Karla permanecía de rodillas sobre el cemento gélido, rodeando a Rubi con sus brazos en un abrazo feroz. Parecía una leona herida intentando proteger a su cachorro de un incendio, deseando transferirle hasta el último grado de su calor corporal a la pequeña figura que temb
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