La atmósfera dentro de la mansión había caído hasta el punto de congelación, volviéndose un vacío asfixiante.
Maxton permanecía de pie en medio del salón; sus uñas casi se hundían en la textura de las fotografías que sostenía. Observaba esos ojos de Karla, llenos de terror: una mirada clara y tímida que claramente pertenecía al alma de la mujer original. Sin embargo, aquel rostro —el que él mismo había elegido y esculpido con una fortuna— funcionaba como un puñal envenenado, recordándole en cad