Íker Denaro
Manejé directo a casa una vez que la dejé en la puerta de su edificio y la vi entrar. Habíamos tenido una salida que realmente resultó agradable. No peleamos, no discutimos, e incluso pude pedirle lo de los anillos. Pensé que se negaría, que me los lanzaría por la cabeza o que se enojaría. Me había planteado un sinnúmero de probabilidades, pero jamás consideré una en la que Esmeralda fuera tan comprensiva y se diera cuenta de que yo ya llevaba las alianzas conmigo.
Aparqué mi automóv