Esmeralda
Habían pasado dos días desde que mi hermano se había ido de viaje. Estábamos a tope entre el trabajo de la pastelería y el restaurante. Sin Diamante, Rubí era quien se encargaba de la administración, por lo que la organización estaba a la orden del día. Por lo menos habíamos llegado a un acuerdo y podríamos tomarnos uno o dos días libres a la semana. Sonreí cuando vi a Massimo entrar al restaurante; enseguida se sentó en la barra y su novia salió a recibirlo.
Rubí y Massimo eran oficia