Íker Denaro
Mis ojos se cristalizaron cuando mi secretaria me entregó aquel sobre. Ella solo había firmado; no habíamos hablado desde hacía varios días, su móvil estaba apagado y mis mensajes no llegaban. Me había cansado de llamarla, la había buscado en el restaurante, donde nadie me pudo decir a dónde se había ido. Lo mejor que saqué en limpio fue que les había dicho a las chicas que se tomaría un par de días, pero ya iban varios.
Luego me enteré de que había salido del país, específicamente a