Sebastián Ghill.
─ ¿Estaba embarazada? ¿Negociación? ─ Preguntó frunciendo el entrecejo. Respiré profundo.
─ Viajé porque Laissa, sufrió un accidente y perdió el bebé ─ musité, ya que le había informado que Laissa, estaba enferma, pero no, que había perdido a nuestro hijo.
─ ¡Dios mío! soy una tonta, haciéndome ideas equivocadas, debo llamarla para saber cómo está, debemos estar allá con ella. ─ Se alarmó preocupada.
─ Aleska, son las tres y treinta de la madrugada, seguramente Laissa, está