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Los padres de quedaron un poco extrañados por el comportamiento de su cachorro, Aleksey, era tan huraño que ni a la adorable Aria, le permitía acercarse demasiado a él, y ahora evidentemente no le agradaba el entusiasmo que su amiguito mostraba por la lobita
— Vámonos Sergey, la lobezna todavía no se recupera, debemos dejar que descanse — el cachorro se dirigió a la salida mientras que un confundido Sergey, lo siguió, el hijo del beta, se estaba preguntando que de malo tenía hacer amistad c