En el hospital, el llanto incesante de las mujeres resuena en la sala mientras asimilan las palabras de Richard. Él suspira y se pasa la mano por el cabello, sintiendo sus propios latidos acelerados.
– Manténganse tranquilas. – Pide, mirando a sus amigas. – Rebecca y los bebés están bien. – Su voz temblorosa y sus ojos llenos de lágrimas reflejan el miedo que lo consume.
El ambiente está lleno de conmoción, las mujeres abrazan a sus maridos en busca de consuelo en aquellos momentos de desespera