Rebecca abre lentamente los ojos, su visión aún borrosa. Su rostro latea de dolor y lágrimas corren por sus ojos. Siente la mano del extraño deslizándose por su cuerpo y un escalofrío recorre su espina dorsal. En un acto de desesperación, se arrastra por el suelo, alejándose de las manos amenazadoras del hombre siniestro.
– Afortunadamente, has despertado. No tengo interés en jugar con mujeres inconscientes. – Vocifera, su voz resonando amenazadoramente en la habitación. – ¿Cómo podría alguien