Al día siguiente, en una soleada tarde en Seattle, Rebecca finalmente llega a la ciudad. Después de alquilar un coche, conduce directamente hacia su refugio favorito, un lugar que la transporta a recuerdos de tiempos más felices. Elige el mismo rincón donde estuvo con Alex, y tan pronto como se acomoda, una brisa suave acaricia su rostro. Sin embargo, la felicidad no forma parte de aquel momento, en cambio, la tristeza la envuelve como una sombra persistente. Con un suspiro cargado de pesar, ab