Después de aquella tarde dolorosa y triste, Rebecca permaneció dos semanas más en el hospital. Recibía visitas diarias de sus amigos y familiares, y en la habitación, contaba con la constante presencia de la familia de Alex.
– ¿Cómo estás, querida? – Pregunta Olga.
– Estoy tratando de seguir adelante. – Responde, con un susurro cargado de tristeza.
– Rebecca, perdón por ser tan indiscreta, pero ¿hiciste lo que están diciendo? – Pregunta Ana.
– ¿Podemos no tocar este tema? Solo me hace recordar