—Abogado cualquier cosa que necesite, estoy a su disposición— Ada se dirige a la puerta, pero Adams la alcanza y la agarra de la mano
—Ada... Esta no eres tú, por favor hablemos— Ada se suelta bruscamente del agarre de su esposo
—te equivocas, esta siempre he sido yo
—¡Eres una ladrona!— Alessandro está que se muere de la rabia
—¿Yo?— sonríe Ada —¡Tú eres un mantenido! ¡Un ladrón, un asesino! — Ada sale del despacho
—¡Abogado deme una explicación!— Adams le pregunta y el abogado suspira
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