—¡Es increíble que me estés llamando!— Ada siente su sangre hervir
—por favor no cuelgues— solloza —ayudame, se que no lo merezco, pero si no lo haces moriré
—no es mi problema, te has buscado todo lo que te ha pasado, además no te creo nada, absolutamente nada y no me vuelvas a llamar
—¡No me cuelgues por favor!— súplica y Le tiemblan las manos —no merezco misericordia, pero si tan solo me escucharás
—¿¡Con quién estás hablando!? — todos hacen silencio al escuchar la voz de Alessandro
Bianca