DESPERTAR DE UNA PESADILLA Y SEGUIR EN ELLA
—¡Doménico ayúdame! No nos dejes morir por favor, mi amor ayúdame
—¿Dónde estás? No te puedo ver, dime ¿Dónde estás? ¡Carajo ¿Dónde está mi esposa? — Era la octava noche que no podía dejar de tener esas pesadillas una y otra vez, desde que su esposa fue secuestrada ante sus ojos junto a su hijo de seis años, no podía dejar de atormentarse noche tras noche, aun en el día no dejaba de atormentarse, el saberse un maldito bueno para nada que no logró ten