Él se quedó observando la situación sin saber cómo diablos reaccionar.
Ella estaba con los brazos cruzados sobre el pecho y miraba asustada al hombre que le había vendido la empresa a su tío.
—¿Qué demonios está sucediendo? ¿A qué viene tanto jaleo? — preguntó Steven .
—No tienes nada que hacer aquí, Steven. — le dijo el hombre. Sin embargo él,no se movió.
—¿Estás bien? — le preguntó él a Sarah.
—Ella está bien, así que lárgate ya. No te necesitamos. Nadie lo hace. — igual fue el hombre que