[Punto de vista de Hardin]
—Elena, vámonos.
Las palabras salieron de mis labios bajas y distantes, casi desapegadas, como si estuviera tratando de salir de la realidad que tenía frente a mí.
Este matrimonio nunca estuvo destinado a existir más allá de la obligación, y ella nunca estuvo destinada a importar.
Y, sin embargo, la forma en que me miraba ahora despertó algo en mi pecho, algo que me negaba a reconocer.
Su mirada no era solo de dolor. Iba más profundo, silenciosa, absorbente, inquietan