Miranda se siente agobiada por la Cercanía De Darién, no entiende como su corazón se precipita aun después de la forma tan déspota que se ha encargado de tratarla.
—Definitivamente estoy mal de la cabeza.— Balbucea para sí misma
—¿Disculpe señora?— Cuestiona su nueva asistente.
—No es nada.— Responde rápidamente con firmeza, mientras se acomoda los lentes de lectura en la nariz.
—¿Por qué no llega a un acuerdo con el jefe?, obviamente esto no es lo suyo.— Cuestiona la empleada
Miranda boquea un