—Entonces, ¿qué me dices? —pregunta Venco, su mirada llena de seriedad—. ¿Te casas conmigo mañana mismo?
Me quedo con la boca abierta, sorprendida por su proposición.
—No juegues con eso, por favor —digo, mi voz llena de emoción—. No es algo que se pueda tomar a la ligera.
Venco se acerca a mí, su rostro serio.
—No estoy jugando —dice—. En verdad, quiero convertirte en mi esposa. Quiero pasar el resto de mi vida contigo.
Me siento abrumada por sus palabras, y mi corazón late con emoción.
—Venco