—No sé de qué tenemos que hablar a solas —dice Xylara, dándome la espalda.
Tiene razón, pero esto no se trata de las dos, simplemente tengo que hacer lo que sea para protegernos.
—Xylara, sabes perfectamente de qué tenemos que hablar —le digo—. No somos amigas, lo sé. Pero tenemos un problema en común.
Xylara se vuelve hacia mí, su rostro tenso y su voz llena de desafío.
—¿Qué problema? —pregunta.
Me miro a ella con seriedad.
—Morax —le digo—. Él es el problema. Y sabes que no solo es un proble