Pablo bajaba las escaleras preguntándose porque Julieta tardaba tanto o si volvería como había prometido, cuando un olorcito muy apetitoso le lleno las fosas nasales. Camino dejándose guiar por el aroma hasta la cocina y ahí la vio; concentrada revolviendo una cacerola con salsa. Se veía tan linda, inocente con la cara contraída por la concentración y ¿Eso era su lengua? Sí que era simpático, ¡la mordía cuando estaba concentrada! Se contuvo de reír y se dedicó a observar cada uno de sus movimie