--Hey… mírame, mi pequeña rojita… déjame verte, déjame verte—carajo, qué vergüenza, ¿Cuándo hice esto sin pensar? No sabía qué hacer o decirle, solo me había calmado en sus brazos, mientras sentía como todas las miradas estaban sobre nosotros, que vergüenza, maldita sea tierra, trágame y escúpeme en el medio oriente, por favor, por favor…--Ness, necesito verte, estas heridas, necesito verte por favor, solo déjame verte, no sabía que eras tú, por favor déjame verte…
Él hizo un poco de fuerza par