29. ENFRENTANDO LA REALIDAD
REYNOLDS:
No puedo permitir que Alaya siga ignorando lo que soy y lo que ella significa para mí, sobre todo porque su ex prometido está exigiendo un derecho que no tiene. Si estuviéramos en el bosque, le habría roto el cuello por atreverse a retarme delante de mi Luna. Mi lobo, Ragnar, ruge furioso en mi pecho.
Camino de prisa, deseando llegar a mi oficina para aclarar las cosas con mi Luna. Debo advertirle sobre ese lobo llamado Alfredo, que quiere adueñarse de ella. Por suerte, lo dejé vigila