PUNTO DE VISTA DE AMELIA
Magnos limpió mis lágrimas. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando. Acarició mi rostro y me dio un beso suave en los labios.
—Tuviste una pesadilla. Me despertaron tus gritos. Estabas llamando a tus padres. ¿Quieres hablar de ello? —preguntó Magnos, mostrándose muy amable y comprensivo. No estaba acostumbrada a ver este lado suyo.
—No fue una pesadilla. Vi y hablé con mis padres. Estaba en la casa de mis padres, en mi habitación. Ellos me despertaron.