Una niebla gris cubría el Pueblo de Roblehaven, un asentamiento aislado en el límite del territorio de Luna de Plata que antaño era conocido por sus abundantes cosechas de trigo.
Pero cuando nuestros pies pisaron el camino de tierra del pueblo, lo único que encontramos fue un olor a podredumbre y un silencio opresivo.
No había gallos cantando, no había risas de niños. Solo el crujido de tablones de madera azotados por el viento frío.
"Este olor..." Alaric se tapó la nariz con la parte posteri