El Valle de Ceniza yacía ahora cubierto por una fría manta de niebla plateada.
Los restos de la Explosión de Extracción del Alma aún dejaban en el aire un olor a ozono y azufre, pero el silencio que siguió resultaba mucho más sofocante que el estruendo de la batalla.
En una vieja cabaña de madera escondida en la ladera de la colina antiguo refugio de los fugitivos, Aria Crescent se sentaba al borde de una cama desvencijada.
En la cama yacía Silas, rígido. El hombre que alguna vez fue una amen