En su lujoso pabellón privado, Chloe apretaba una taza de porcelana hasta que se agrietó. Su rostro hermoso estaba distorsionado por arrugas de ira que ya no podía ocultar.
La herida en su pecho, causada por el impacto de la energía de Silas esa tarde, todavía latía, pero su orgullo estaba mucho más herido.
"Aria... Aria... Aria!", gruñó Chloe, pronunciando el nombre como una maldición. "¡Esa maldita mujer se fue, pero su espíritu parece seguir aferrado al cuello de Silas!"
Chloe sabía que su