El Palacio Obsidiana aún se recuperaba del trauma de la Noche de la Luna Roja.
Aunque Alaric había declarado su lealtad absoluta a Aria, en los rincones oscuros de los pasillos del consejo, susurros de miedo comenzaban a crecer como hongos venenosos.
Para algunos ancianos licántropos conservadores, lo que sucedió esa noche no fue una señal de grandeza, sino una profecía de destrucción.
"No es nuestro príncipe heredero. Es un recipiente en el que crece Malachi", susurró el Anciano Voran, miemb