—No voy a retirarme.
Victoria dejó el teléfono sobre la mesa de juntas y miró a los cuatro miembros del Comité de Ética que aparecían en la pantalla.
Habían pasado menos de tres horas desde que recibió la suspensión y ya estaba sentada en la pequeña oficina que acababa de alquilar. Todavía había caj