Darío asintió, tomó a Victoria de la mano y caminaron juntos por el pasillo largo, se detuvieron justo frente a las puertas del despacho. Darío no tocó, empujó la puerta con la mano libre y entraron de golpe.
León Armand estaba sentado detrás de su escritorio. Tenía las lentes de lectura, un montón