El vaso de cristal chocó contra la barra con un golpe seco y violento.
—Deja la botella —le ordenó Darío al cantinero, deslizando un billete de quinientos pesos—. Y no me vuelvas a interrumpir.
El hombre asintió en silencio, dejó la botella de whisky a medio terminar sobre la barra y se alejó rápida