Victoria quedó petrificada en su silla, con los dedos aferrados al borde de la mesa. El anillo de compromiso en la mano de Zulma brillaba bajo la luz del candelabro, burlándose directamente en su cara.
—¡Qué barbaridad, Darío! —exclamó León, rompiendo el silencio, levantando su copa de vino con una