Lo encontró en la cocina a las siete.
No haciendo café. De pie en la ventana con una taza ya en la mano, mirando la ciudad de la manera en que había estado mirando la ciudad diferentemente desde que volvieron de Michigan. No leyéndola. No construyendo nada desde ella. Solo mirando.
Sirvió su propio café.
Se paró en la ventana junto a él.
La ciudad hacía sus cosas ordinarias de la mañana. Cielo gris-blanco. La luz plana particular de una mañana de Michigan que todavía no había decidido qué querí