La taza seguía sobre el mostrador cuando Vivian bajó las escaleras.
A medias. Fría. Marisol la había dejado ahí en algún momento de la mañana anterior, probablemente a mitad de un pensamiento, probablemente a mitad de una frase, arrastrada por algo que parecía más urgente que el café. Estaba en el borde del mostrador en un ligero ángulo, el asa apuntando hacia ningún lugar en particular.
Vivian no la movió.
Se quedó en el umbral de la cocina y la observó como observaba la evidencia. Con cuidado