No alcanzó el contrato cuando se despertó.
Lo había alcanzado cada mañana durante treinta días. No siempre conscientemente. A veces solo el reflejo de una mano moviéndose hacia la cosa que definía los bordes de la situación. Pero esta mañana se despertó y yació en la pequeña habitación con la luz gris entrando por la ventana y contó sin alcanzar nada.
Día treinta.
El número se asentó en su pecho con un peso diferente a los veintinueve anteriores. No más pesado. Solo más específico. Como la dife