Al entrar en su despacho, Stefan fue seguido por Edmund, que intentaba hablarle de lo que había oído. Pasaban tantas cosas por la mente de Edmund que era difícil concentrarse en una sola.
Stefan había hecho un buen trabajo con la mano derecha de su hermano, lo enredó en su dedo e hizo lo que quiso. Edmund le había seguido ciegamente por órdenes de Alexander.
—Sr. Muriel, ¿me permite un segundo? —Dijo Edmund.
Stefan se sentó en su silla. Quería tener un momento para sí mismo. ¿Qué otras pruebas