Inna se encuentra sentada en el porche trasero de la casa, desde su puesto pueden observar el bosque que se abre paso al final de los linderos de la hacienda. El relincho de los caballos llega hasta ella y la hace fijase en el redondel donde se encuentra un hermoso alazán corriendo en torno a este.
Inna no puede negar la paz y la belleza que esa imagen le transmite, pero también es cierto que aquel le sigue siendo un mundo totalmente desconocido, ella creció entre viñedos y alambiques, nunca es